LIBELO DE SANGRE, ESTIRPE DE SANGRE

 


Ya solo por el título mereció pasar del primer capítulo, mas la gente tuvo buen tino para que esta novela no quedara por el camino, pues habiendo leído ya varios capítulos, vaticiné que tendría muchos discípulos. Fue de aquellas novelas que engrandecieron y dignificaron el oficio e hizo buena gala de su maestría produciendo en la gente una gran algarabía. Creo que su epígrafe, si no recuerdo mal, respondía a "Libelo de sangre" una historia escrita con tinta de cálamo e impulsos de corazón. El encuentro con esta vino de la mano de la inconmensurable casualidad, pues entre redes, búsquedas y demás parapetos di con ella y ya no la separé de mi vida hasta que el horror, en forma de fuego, destruyó sus queridas páginas y la dejó huérfana de letras. Busqué hasta en lo más recóndito de los santuarios de culto y no hallé indicio alguno del título. Mi tan amada novela se había esfumado de la faz de la tierra y de las mentes más preclaras del mundo literario, como si jamás hubiese existido. Caminé por la estela de su sombra, lloré la pérdida como si fuera un ser amado y quise escribir el recuerdo de sus maravillosos epitafios para deleitar la mirada y sosegar el alma, pero me fue inútil rememorar la expresión sumergida en el relato.

Mi búsqueda empezaba a menguar dando paso a la desesperación de la que hacía gala en cada ocasión, y no dejaba escapar una mirada perdida hacia la estantería donde antaño había reposado. Hube de caminar por los senderos de tinta dejados tras su huella, y estuve casi al borde de la enajenación por no reencontrarme con tamaña narración. Pregunté en las lindes de la retórica hasta dar con una estampa caótica que me hizo pensar si la novela no habría sido usurpada del memorial de la historia. No había ya nada que hacer y di por perdida la más sublime de las obras, escrita en letras de oro. Al instante comprendí que Morfeo me la había jugado una vez más y la realidad subyacía de aquel mundo onírico para confirmar lo que mis ojos vieron tras el muro de mis pesadillas. Ahí estaba, indeleble, entre los volúmenes, dispuesta a dejar sentir sus páginas entre mis dedos para ratificarme que no fue un simple libelo, sino la excelencia hecha libro. A su lado descansaba otro tomo de similares características, que alguien había puesto allí, y mis halagos multiplicaron mi curiosidad. Sugerí que bien pudiera ser una continuación y efectivamente así fue. La delicia estaba servida en bandeja de plata y como aquel, este no iba a sucumbir a la pesadilla. Tras comenzar mi periplo por su escritura vaticiné lo que largo tiempo llevaba esperando: los avatares de su protagonista dirigidos hacia un fin que restaurara el honor familiar, que había quedado truncado en la primera entrega, pero primero, y de un vistazo a su portada, topë con el título, "Estirpe de sangre" y así, andando el camino entre sus páginas, logré darle finiquito y quedar teñido de gozo ante el gran espectáculo que significaba una escritura de este calibre.

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